“Acnur no quiere hacer nada por los refugiados cubanos”

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Publicado el Viernes, 15 Febrero, 2019 – 04:33 (GMT-5)

Andris Moiset González nació en Guantánamo, aunque vivió en La Habana cerca de 28 años. Desde 2017 está en Puerto España, la capital de Trinidad y Tobago. Él es el cubano con estatus de refugiado que más tiempo lleva en este país. Casado desde hace 18 años con la psicóloga habanera Lázara Islem Planas Cárdenas y con dos hijas de 11 y 14 años, su historia después de emigrar está llena de frustración y sueños incumplidos. 

Lleva dos años en Trinidad y Tobago y cree que su situación sigue en un limbo legal porque “Acnur no quiere hacer nada por los cubanos. Es un negocio lo que tienen. Reciben dinero para ayudar a los refugiados en la renta y la alimentación y nos han quitado esa ayuda a los cubanos. Sólo están ayudando a los venezolanos, sirios, paquistaníes, jamacainos y colombianos”.

“Nos quitaron la ayuda por hacer una manifestación hace tres meses y desde que pasó eso no nos quieren ayudar. Necesitamos un abogado para intentar agilizar el proceso de reasentamiento para poder salir de este país. Aquí estamos pasando una odisea. Estamos pasándolo súper mal, pero tenemos fe en Dios y confianza en que la justicia nos permita salir adelante”, cuenta por teléfono a CiberCuba.

La salida de Cuba

Para poder sacarse un pasaje en avión a Trinidad y Tobago, Andris se buscó dos trabajos en Cuba. Sus hermanos le ayudaron a completar el dinero que necesitaba para irse del país.

Andris eligió Trinidad y Tobago porque es de los pocos lugares del mundo que no exigen visado a los cubanos. “No es fácil entrar a este país. Hay que estar sobornando y dando algo de dólares para que te dejen entrar”, dice.

Pero él se las ingenió para emigrar a Puerto España. Conocía a un cubano que vivía ahí y éste consiguió a una persona trinitaria que le puso una carta de invitación. Fue así como entró al país. “Tuve que pagar 400 dólares americanos”, recalca.

Estando en Trinidad y Tobago Andris pidió asilo político en la Living Water Community, una entidad católica asociada a Acnur (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) en este país. 

A los diez meses de estar en Puerto España, Andris recibió el estatus de refugio. Para entonces ya él trabajaba para un trinitario, que le prestó dinero para que pudiera sacar a su mujer y a sus dos hijas de Cuba. 

En Trinidad y Tobago, Andris ha tenido que hacer “todo tipo de trabajos”. “He tenido que trabajar duro. He pasado una odisea en este país porque no tiene legislación de asilo. Ellos no permiten que los refugiados políticos se queden aquí y, además, discriminan mucho a las personas porque son racistas. Por eso hemos pasado muchísimo aquí al no dominar el idioma y no tener documentación para estar legales, nos discriminan demasiado. La explotación laboral está a la orden del día aquí”.

Pero como las cosas siempre pueden ir a peor, en estos momentos Andris y su familia están atravesando una situación bastante difícil. “No tenemos permiso de trabajo y cuando nos cogen trabajando, las multas son de 8.100 dólares trinitarios”.

En noviembre pasado, Andris se unió al grupo de cubanos que protestó frente a la sede de Acnur por la retirada de las ayudas de la ONU a los refugiados cubanos a sabiendas de que son perseguidos en Trinidad y que no tienen permiso de trabajo. Desde entonces no les pierden ni pie, ni pisada. “Nos tienen la vista puesta encima todo el tiempo, pero gracias al buen corazón de muchos trinitarios que no están ayudando, estamos viviendo en un platanal que nos cedió una persona para estar todos los cubanos juntos y poder sobrevivir en este lugar”.

Andris achaca la responsabilidad de su situación a Acnur. En su opinión, el Alto Comisionado de la ONU debería agilizar los procesos de asilo para poder reasentar a los refugiados en países con legislación de asilo y que de esta forma ellos puedan regularizar su situación.

“Nunca imaginamos vivir así”

Cuando Andris sacó de Cuba a su mujer, Lázara Islem Planas, y a sus dos hijas, nunca pensó que vivirían en la situación en que vive “Salimos huyendo de aquel régimen castrista. Habíamos leído que éste era un país de tránsito. Hicimos el proceso de solicitud de asilo. Se nos dio a la familia el estatus de refugiados políticos de la ONU hace dos años, pero nos han abandonado a nuestra suerte”.

Ni él ni su mujer pueden trabajar porque la Policía no les quita ojo. “No podemos hacer dinero para irnos porque no nos permiten trabajar y los que consiguen trabajo son explotados con un salario indecoroso, vergonzoso, que no les da para nada”, explica Lázara a CiberCuba.

A pesar de que las niñas no están yendo a la escuela, a la familia no se le pasa por la cabeza regresar a Cuba. “No se nos pasa por la mente. Todos sabemos cómo trabaja ese régimen corrupto. Estamos presos por cualquier ley invetanda por ellos”.

“Mis hijas lloran”

Las hijas del matrimonio, de 11 y 14 años, llevan muy mal la situación en la que vive la familia. “Mis hijas lloran y eso me parte el alma. Ellas quieren estudiar y sueñan con ser profesionales. Aquí he tenido que aplicar todo lo que aprendí de Psicología en mi carrera. Soy licenciada en Enfermería con dos posgrados diplomados y maestría. En este paísito nunca me han dejado ejercer”, apunta Lázara.

Para la pareja, la prioridad es salir de Trinidad y Tobago hacia “cualquier país” que les “permita trabajar, estudiar y vivir como seres humanos”.