Manuel Calviño escribió una carta a sus colegas para que apoyen a los damnificados

0
58


Imágenes de redes sociales

El conductor de televisión y psicólogo cubano Manuel Calviño escribió una emotiva carta alentando a sus colegas a apoyar a los damnificados, tras el paso del potente tornado que devastó barrios en la capital cubana.

Calviño, conductor del programa de la televisión cubana, Vale la Pena, instó a quienes se dedican a la psicología a “entender y sentir el drama humano” que están viviendo los miles de habaneros que se han quedado sin un techo, y traumados por haber vivido lo que en palabras del psicólogo ha sido una “catástrofe”.

“TENEMOS QUE ESTAR ALLÍ… no hacen falta convocatorias oficiales, hace falta abrir el corazón y hacer valer el sentido mismo de nuestra profesión”, apuntó el también profesor de la Universidad de La Habana, que visitó los municipios afectados en compañía de otros profesionales, y ha quedado realmente conmocionado ante el desastre ocasionado por el evento climatológico, primero de su tipo en golpear la capital de la Isla en los últimos 80 años.

A continuación Cuba en Miami reproduce íntegramente la “Carta abierta a mis colegas psicólogos y psicólogas”, escrita por Manuel Calviño, y tomada de Progreso Semanal.

Compañeras y compañeros psicólogos y psicólogas,

Rebtel y Cuba en Miami llamadas a Cuba

Hoy, luego de haber construido la posibilidad de salir al aire en Vale la Pena, esta misma noche de miércoles, con un mensaje humano, de solidaridad con quienes son hoy los más necesitados, en compañía de otros colegas, nos fuimos a las zonas del desastre.

Nadie nos lo pidió, tampoco pedimos autorización, porque la solidaridad humana y profesional, no se puede burocratizar.

Sencillamente, como personas, como ciudadanos de este país, y claro como psicólogos que somos, nos fuimos allí a dar apoyo, contención, acompañamiento a las personas que están sufriendo los efectos del paso del Tornado.

Estuvimos en 10 de Octubre, en Luyanó, zona tremendamente afectada, y en Regla.

Un deber humano, ciudadano, y profesional nos movió hasta allí.

Nada de lo que hayan visto en fotos, ni las fuertes imágenes de la televisión, es comparable con lo que vimos allí.

¡Una catástrofe!

Pero nuestra sensibilidad profesional nos hizo entender y sentir el drama humano que allí se vive.

Las personas aún en shock, sufriendo, nos narraban que la muerte los pasó a buscar, que las familias se abrazaban “para irnos juntos”, que los niños lloraban y gritaban desconsolados y los adultos no podían hacer nada, no sabían que hacer.

Las narraciones nos dolieron, nos atemorizaron. Las imágenes asociadas a lo vivido por esas personas van cargadas de emociones fuertes.

Pero allí estuvimos convencidos de que la esencia de nuestra profesión es el bienestar humano, no solo el que investigamos y teorizamos, sino sobre todo el que las personas tienen o no, cultivan o padecen por su ausencia, el que pierden irremediablemente en situaciones como las que vivieron los pobladores de estas zonas, la incertidumbre de futuro…. ¡Tantas cosas!

Y podemos, profesionalmente, hacer mucho. Lo hemos hecho, lo hacemos, muchas veces, lo vamos a hacer siempre. Dominamos técnicas, procedimientos, sistemas de actuación psicosocial, en fin somos científicos y luchadores profesionales por el bienestar y la felicidad de los seres humanos. Fue movilizador ver a una estudiante nuestra, por solo poner un ejemplo, sacar de su bolso unos títeres, y allí, con los niños, improvisar un momento de alegría, de felicidad, y al mismo tiempo de manejo de tensiones.

Así han de ser nuestros estudiantes, así debemos educarlos… Ese es el verdadero trabajo educativo.

Pero cuando estábamos allí, lo que nos pedían sobre todo era afecto, nos pedían un abrazo, nos daban las gracias por el mero hecho de estar allí, junto a ellos, escuchándolos, compartiendo.

La gente sobre todo pedía afecto humano, solidaridad humana, cercanía humana.

Caminamos mucho, zigzagueando entre los escombros, subimos y bajamos empinadas alturas en Regla.

No sé cómo mis rodillas aguantaron… o quizás ellas no aguantaron, las hice aguantar bajo el peso de mi convicción profesional, personal, humana de que teníamos que estar allí.

TENEMOS QUE ESTAR ALLÍ… no hacen falta convocatorias oficiales, hace falta abrir el corazón y hacer valer el sentido mismo de nuestra profesión.

La sola presencia es sanadora, el compartir, el estar allí, es un acto de reedificación del bienestar, ese del que tanto hablamos.

Volveremos, y lo que más quisiera es encontrarme con muchos psicólogos y psicólogas extendiendo su mano, abriendo su corazón.

Sé que podemos, que queremos, que vamos a hacerlo.

Un abrazo grande,

Calviño.